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El discuro del genocida |Escultura de Javier Machado | Compra arte en Flecha.es

El discuro del genocida, 2025
Javier Machado

1.990€

Escultura Obra gráfica

READY-MADE

El gran discurso del verdugo Detrás de una mesa de mármol negro se yergue un clavo romano, antiguo y oxidado. Nadie recuerda de qué cruz cayó, ni a quién sostuvo, pero todos saben que atravesó demasiados cuerpos. El clavo respira, y el hierro parece doler. Sobre la mesa, dos manos manchadas de sangre reposan abiertas, como si esperaran justicia o absolución. La sangre está seca, pero el mármol aún la refleja. Frente a la escena, seis bancadas vacías. En cada una, una cadena de hierro corroído representa a los pueblos del mundo. Dicen que los delegados alzaron una vez al clavo, lo aplaudieron, y después lo dejaron solo, para que hablara en su nombre, en nombre de todos los silencios que prefirieron callar. Detrás de esa mesa negra hay otra, de mármol verde, presidiendo el recinto como un altar frío. Sobre ella descansan tres tornillos y, sobre los tornillos, tres pequeñas bombillas blancas encendidas. Siempre hay tres personas sentadas detrás, observando sin pestañear, como si su tarea fuera medir la luz, no la verdad. Benjamín Netanyahu, el genocida —ese clavo erguido— habla en la ONU. No tiene boca, pero su voz corta el aire como un decreto. “Habla el culpable, y los inocentes guardan silencio.” Nadie responde. Las cadenas se tensan, se oxidan un poco más. Entonces el clavo mira las manos sobre la mesa, las reconoce como suyas, y pronuncia su última sentencia, con la gravedad de quien ya sabe que no será juzgado: “La historia pesa más que el clavo.” Y el mármol tiembla. Pero el mundo, otra vez, no aprende nada. Análisis literario Título: El discurso del verdugo El título anticipa una inversión moral: quien debería ser juzgado es quien toma la palabra. Es el lenguaje del poder hablando desde su propia impunidad. El texto es una alegoría política, una crítica a la hipocresía institucional y a la memoria selectiva de la historia. Primera imagen: el clavo y la mesa negra “Detrás de una mesa de mármol negro se yergue un clavo romano, antiguo y oxidado.”El mármol negro representa solemnidad y poder, pero también luto y rigidez. El clavo romano —instrumento de tortura y símbolo de castigo— encarna el poder que atraviesa cuerpos y siglos. No es testigo del crimen: es el crimen. Su óxido es el rastro del tiempo, la persistencia del mal bajo nuevas formas. Segunda imagen: las manos ensangrentadas “Sobre la mesa, dos manos manchadas de sangre reposan abiertas.” Estas manos son la huella humana del crimen: la firma del verdugo. Están quietas, inertes, pero presentes. Simbolizan la responsabilidad directa y visible, la culpa que se muestra sin pudor. La mesa se convierte así en altar y evidencia: la historia conserva las manchas, aunque los culpables cambien de rostro. Tercera imagen: las cadenas de los representantes “Seis bancadas vacías… seis cadenas de hierro corroído representan a los pueblos del mundo.” Esta imagen amplía la crítica del poema: el genocidio no ocurre solo por la acción del verdugo, sino por la complicidad del silencio. Las cadenas, oxidadas, son los vínculos de un sistema que repite sus crímenes bajo nuevas banderas. Los pueblos están representados, pero ausentes: sus voces se delegan hasta disolverse. Cuarta imagen: la mesa verde, los tornillos y las bombillas “Detrás de esa mesa negra hay otra, de mármol verde… tres tornillos y tres pequeñas bombillas blancas encendidas.” Aquí el poema introduce una dimensión inquietante y ambigua. La mesa verde puede simbolizar la razón burocrática, el poder tecnocrático que ilumina sin comprender. Los tornillos evocan el orden mecánico, el ensamblaje de un sistema que ajusta y aprieta sin cuestionar; las bombillas blancas, la luz fría de la verdad oficial: la transparencia que no alumbra justicia, sólo control. Las tres figuras que observan detrás representan las instituciones guardianas del discurso —la ley, la razón, la ciencia política—, testigos silenciosos del horror legitimado. Clímax: las frases finales “Habla el culpable, los inocentes muertos guardan silencio y las victimas claman ayuda.” “La historia pesa más que el clavo.” Estas frases cierran con una fuerza moral devastadora. • La primera denuncia la inversión del orden ético: el verdugo tiene micrófono, los inocentes, silencio. • La segunda recuerda que ningún símbolo del poder resiste el peso de la memoria: la historia termina siempre reclamando su juicio, aunque tarde siglos. Conclusión El discurso del verdugo es una parábola moderna sobre la impunidad y la repetición. El mármol, el hierro, la sangre y la luz forman un sistema simbólico donde la culpa se institucionaliza y la justicia se convierte en espectáculo. El clavo —el verdugo— no sólo habla: es escuchado. Y ese es, quizá, el crimen mayor.

35 x 18 x 35 cm

Biografía

Javier Machado nació en Granada año 1963. Vivió su infancia en el Valle de Lecrín, en Mondújar. Cursó estudios de Bachillerato en el corazón de la Alpujarra Granadina, en Örgiva y se trasladó a Granada para terminar estudios de Geología y Medio Ambiente. Los lugares importan y tanto que importan, este Valle de la Alegría, la Alpujarra y la misma Granada influyeron tanto que de ahí vino su pasión por la fotografía. Estudió fotografía en academias privadas y desde entonces no ha parado de fotografiar sus lugares favoritos, como antes se mencionó así como lo que estaba por descubrir cuando empezó a viajar sobre todo por el continente Africano. Además de su amor por la naturaleza, los paisajes en África descubrió tres cosas nuevas en África, la luz, las miradas y el arte africano. Tras muchos viajes al continente africano Javi Machado expuso La Zubia sus fotografías sobre Etiopía. También empezó a interesarse por el arte africano y hoy tiene una colección de más de 300 piezas sobre todo máscaras. Las emociones acumuladas en África le llevaron a l Ready-made
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