Espectadores del re-nacimiento que la renovación de lo decrépito supone.
Somos testigos del deterioro y del cambio
Visio-adictos al milagro de los colores de una flor roja en las áridas tierras
del yeso.
También surge la belleza sublime en la pared arrastrada
por las vidas contenida en aquellas habitaciones,
en los muros de carga de la existencia de día.
Surge entonces la necesidad de conocer
qué vidas eran ésas
qué se comía en el vestidor,
De qué lado se dormía en el comedor.
IGNACIO BALLESTEROS.
Revista Alminar , Otoño 08
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